A
nadie la gusta pensar en la última despedida.
Pero a las familias que no tienen más remedio
que acometer ese duro trance les gustará saber
que la apertura del Tanatorio Municipal está prevista
para la última semana de este mes. Las obras
han terminado y la empresa concesionaria, Gefinsa,
tan sólo espera las autorizaciones de la Consejería
de Industria para que dé el visto bueno a la
maquinaria imprescindible para hacer funcionar determinados
servicios del edificio, según informaron fuentes
de la propia empresa.
El tanatorio ha sido construido respetando el estilo
del cementerio pozuelero y guardando una linealidad con
la capilla del propio mortuorio, todavía pendiente
de rehabilitación. Como se puede comprobar a través
de las imágenes, el ambiente es muy tranquilo
al tiempo que agradable.
El tanatorio está dotado de tres salas con sus
respectivas cámaras refrigeradas para el difunto,
así como de un horno de cremación que convierte
los restos mortales de los difuntos en ceniza en un periodo
de unas cuatro horas. El tanatorio cuenta con la denominada “sala
del último adiós”, una pequeña
habitación con cristalera que permite ver a los
familiares más íntimos la introducción
del ataud en el horno y la ignición de las primeras
llamas.
En cuanto a las salas, dos de ellas permiten la comunicación,
circunstancia pensada para el caso de que el difunto
tenga una familia muy amplia o fuese una persona muy
conocida, lo que multiplica generalmente la asistencia
de amigos y conocidos para esa última despedida.
Los responsables de Gefinsa destacaron a Mirador la
importancia de que se trate de un servicio integral,
pues una vez
producido el fallecimiento ya se pueden realizar todos
y cada uno de los pasos en el mismo edificio, sin necesidad
de más desplazamientos que no hacen otra cosa
que prolongar el dolor.
Una vez inaugurado, Gefinsa trasladará sus oficinas
a la sede del Tanatorio Municipal, donde seguirá prestando
un servicio continuado de 24 horas diarias.
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