Nuestro villa va dejando de ser un
pueblo. Somos ya más de ochenta mil personas
y dentro de poco seremos tantos como los de una capital
media de provincia. En consonancia con ese aumento
de población los servicios también crecen:
hoteles, universidades, instalaciones deportivas; lo último,
un hospital que aunque privado puede ser útil
a un sector importante de la población. Disfrutamos,
pues, de un aceptable nivel de vida.
Sorprendía que hasta ahora, aquí, con ese buen nivel de vida hubiera
tan bajo nivel tras la muerte. Cuando un convecino perdía la costumbre
de vivir, que es como González Ruano llamaba al trance final, lo normal
es que le esperase una pequeña peregrinación: hospital o domicilio,
tanatorio fuera de Pozuelo, cementerio. La muerte de un allegado además
de un dolor era un engorro. Con las nuevas instalaciones funerarias el dolor
de los deudos no se mitigará, mas las molestias que han de sufrir serán
menores.
El promotor de la idea es el concejal de Sanidad, doctor
don Félix Alba
Núñez, uno de los hombres más capacitados del Ayuntamiento.
Unos dicen, con humor quevediano, que es un tanto sospechoso que un médico
se preocupe de los muertos; otros, más benévolos, dicen que de
quien se preocupa el doctor Alba es de los vivos que sufren (dos centros de salud
nuevos); creemos que la real preocupación de nuestro concejal es la dignidad
del hombre, esté vivo o no.
En cuanto al tanatorio, deseamos que cuando nuestros
lectores tengan que hacer
uso de él como protagonistas hayan pasado cien años, por lo menos.
Nosotros no queremos utilizarlo antes de ese tiempo y si no es así que
quede bien claro que es contra nuestra voluntad. Amén
ddomene@miradordepozuelo.com
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