Ahora sí, de verdad, las elecciones
están a la vuelta de la esquina. Aunque la ausencia
de carteles y escasez de actos políticos locales
hagan parecer que todavía están lejos,
apenas queda mes y medio. ¡Qué largos
se hacen los cuatro años y qué cortos
los cuatro meses en que los políticos se lanzan
a prometer lo que harán si les elegimos!, ¡Qué importantes
nos sentimos los votantes en esas dos últimas
semanas y, muy especialmente, el día de las
elecciones!
En las campañas electorales se suele hablar sobre
todo de promesas, pero casi ningún candidato presume
de su equipo, de quienes le acompañan en la lista.
Al menos yo no he conocido a ninguno que lo haga. Y no
lo hacen porque en la política no sucede como
en las empresas. Cuando las compañías escogen
a alguien lo hacen en función de su valía
y capacidad profesional. En política, ya se sabe,
hay que "colocar" a los del partido, aunque
algunos no sepan darle una patada a un bote. Y es que
la gente valiosa ajena al funcionariado no quiere saber
nada de la política en los últimos años.
Los funcionarios es distinto: se piden la excedencia
correspondiente y si no les gusta el politiqueo se vuelven
a su plaza en la Administración.
Precisamente porque las listas no están del todo
confeccionadas y porque los criterios de selección
poco tienen que ver con los de las empresas no es extraño
tropezar en el Ayuntamiento con "pelotas" de
todo pelaje que buscan el hueco que les garantice cuatro
años al "calor" de la futura corporación
municipal.
Pero, como en la lista no caben nunca todos los que quieren
estar, al final siempre hay quien se molesta por haber
quedado fuera. La disciplina de partido hace el resto
para evitar comentarios maledicentes de puertas afuera.
Y luego, la noche electoral, en Pozuelo salvo batacazos
descomunales tan inesperados como imprevisibles, todo
serán felicitaciones. Es habitual aquí y
en todas partes que sea cual sea el resultado se interprete
haber ganado. Para los que gobernarán, las felicitaciones
serán a buen seguro más efusivas. Incluso
de quienes, por motivos de lo más variado, se
han quedado fuera de los puestos que suponen cuatro años
como cargo electo. Siempre se puede apañar un
puesto de asesor.
Luego llega la hora de arrimar el hombro. De trabajar
para cumplir lo prometido. Si se ha sido prudente en
las propuestas electorales, la cosa es más sencilla.
Si, por el contrario, se han tirado a la piscina sin
saber si había agua para mejorar el resultado,
la cosa es más complicada. Ojo con lo que se promete. .
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