Los jefes de las Haciendas públicas
(estatales, regionales, municipales) tienen vocación
de cuentistas poco originales. Todos los años
nos vienen con la misma cantinela (canto o cuento épico-lírico):
que no nos suben los impuestos e incluso que nos los
bajan, y que si los suben es por culpa de otro jefe
que manda más o por el IPC. A eso ha de añadirse
la falacia (razonamiento falso) de la distinción
entre tasas e impuestos; no suben los impuestos -dicen-,
suben las tasas; y ¿qué importa el nombre
si todo son sacacuartos?
Resultado: aunque no suben los impuestos cada año pagamos más y
los servicios que recibimos cada año son menos, van a peor o el dinero
se gasta en obras innecesarias. Este año lo de la circulación de
los automóviles casi se ha duplicado y el IBI se nos ha encarecido un
7,7% a pesar de que el Solbes local dice que él no ha subido nada, que
mantiene el tipo (impositivo) en el 0,660 por ciento y que es la Hacienda estatal
la culpable de la subida por la revisión que hace del valor catastral
de las viviendas.
Señor concejal de Hacienda: menos bla-bla-bla, no se haga el valiente
manteniendo el tipo, arrúgese si es preciso y bájelo como sea (expresión
zapatera adoptada en la última cumbre mediterránea) para que podamos
creer en su palabra y para que los impuestos no acaben siendo expropiatorios.
Todo lo demás es palabrería.
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