¿Puede un adolescente saber que
quiere iniciar su formación para realizar una
carrera artística a los 15 años? La respuesta
es contundente. “Si verdaderamente tiene habilidades
y vocación, no solo puede, sino que debe. Para
ellos se concibió el bachillerato artístico”.
Quien se muestra así de contundente es Ricardo Álvarez,
profesor de pintura del Instituto Veritas, el único
centro de Pozuelo que imparte esta rama de la educación
preuniversitaria.
El curso 2005-06 será el cuarto año en que el Veritas ofrezca esta
posibilidad a alumnos con especial capacidad y sensibilidad para las artes. Y
los profesores están plenamente satisfechos de cómo están
yendo las cosas hasta ahora. “Todos nuestros alumnos han aprobado la selectividad
y todos han superado la prueba de ingreso en la Facultad de Bellas Artes”,
nos informa María Ángeles Merin, otra de las profesoras del departamento.
Pero quizá más importante que las notas es dar salida al espíritu
de creación que estos alumnos llevan dentro. “Los chavales son diferentes
a los del bachillerato normal. Tanto por dentro como por fuera. Visten de otra
manera y piensan distinto. Porque lo son”, nos expone María Fradejas,
profesora del Instituto Veritas.
Múltiples técnicas
En el bachillerato artístico los alumnos aprenden no solo pintura, dibujo
o escultura, sino también técnicas gráfico-plásticas,
diseño y dibujo técnico, además del resto de asignaturas
troncales que son obligatorias para todos los alumnos de estos cursos encaminados
al ingreso en la universidad. A estos efectos, los estudios del bachillerato
artístico tienen la misma consideración que cualquier otro del área
de letras, por lo que pueden acceder a todas las carreras de humanidades, aunque
lo que parece más lógico es que se orienten hacia Bellas Artes.
“La gente cree que eso de Bellas Artes es vida bohemia y juerga. Pero se
equivocan. En la facultad se trabaja mucho y son infinidad las posibles salidas
profesionales. Hasta el punto de que están entre las que reciben más
demanda laboral en terrenos como el diseño, la moda, la publicidad, etc...”,
reflexiona Ricardo Álvarez.
María Ángeles Merin explica que introducir esta especialidad con
una demanda minoritaria en el Instituto Veritas fue una apuesta de la dirección
en pro de una educación más humanista y como contribución
a la mejor formación de los artistas del futuro. No en vano, quienes hoy
aprenden en sus aulas, de alguna forma marcarán las modas del futuro:
nos dirán cómo debemos vestirnos y qué muebles son los más
idóneos para el salón, entre otras muchas facetas de la vida
diaria. Es esa reducida demanda lo que permite precisamente que las clases
sean casi
como particulares, con grupos de media docena de alumnos.
Ricardo Álvarez explica que lo habitual es que sean los alumnos quienes
a los 15 años les pidan a sus padres permiso para inscribirse en el bachillerato
artístico y que, en muchas ocasiones, no encuentran en los progenitores
la comprensión precisa para iniciar su formación antes de llegar
a la universidad. Por eso están estudiando la edición de un tríptico
que sirva para que hijos y padres conozcan mejor el tipo de formación
que se obtiene y las posibilidades profesionales que forman parte de este campo.
Incluso se ofrecen a orientar a los padres que puedan tener dudas sobre el verdadero
contenido de esta opción educativa.
Animar a los alumnos
María Fradejas insiste en que “no se debe infravalorar a los alumnos
que desarrollan una actividad como ésta”, sino todo lo contrario.
Para esta profesora, limitar la libre expresión de estas capacidades puede
suponer un grave problema para esos alumnos que son considerados como “bichos
raros” por sus compañeros de aula. Nos expone la docente que también
es común entre los padres pensar que este tipo de opciones están
orientadas especialmente para alumnos con malos resultados académicos. “Los
padres tienden a pensar que un chaval con una nota media de 7,5 tiene que estudiar
Medicina o Ingeniería Aeronáutica. Cuando lo realmente importante
para alguien que se esfuerza y obtiene buenos resultados es que le dejen hacer
lo que de verdad le gusta y quiere hacer en la vida”, afirma la profesora.
Precisamente para que los chicos de 15 años que sienten esa inclinación
por las artes pudieran iniciarse antes de llegar a la universidad y para que
su aterrizaje en ese mundo sea menos violento se concibió el bachillerato
artístico. La prueba de que fue uno de los aciertos de la anterior reforma
son los resultados de los alumnos y que nadie ha planteado ningún cambio
en la LOE.
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