Cuando la imaginación es un lujo solo al alcance
de quienes no tienen consola de videojuegos o DVD, no
está de más salir al campo para dejar que
la mente haga parte del trabajo a la hora de jugar y,
de paso, disfrutar del aire puro de la serranía
de Cuenca.

La Ciudad Encantada ofrece al excursionista un largo
paseo de más de una
hora que depara al visitante un importante número de piezas de arte horadadas
por la naturaleza sobre la roca. La Foca, el mar de piedras, los barcos, son
solo algunas de las "obras" expuestas en un marco difícil de
igualar que lo hace, además, especialmente atractivo para los niños.
Incluso los más pequeños juegan a la hora de adivinar la silueta
que propone el mantenedor en buena parte de las rocas. Tal vez demasiado abandonado,
el recinto conserva un aire más viejo que antíguo que, no obstante,
no desagrada pues lo que se pretende es precisamente que sea lo más auténtico
posible. En ese mismo sentido se agradece mucho que tan solo hay una discreta
tienda de recuerdos dentro del espacio de la Ciudad Encantada y que no se haya
desbordado éste con los clásicos puestos de artesanía industrial.
En el trayecto desde Madrid es igualmente interesante
el último tramo
del viaje, en el que existen varios miradores para observar gargantas y valles
de la serranía. También es del todo recomendable comer en alguno
de los muchos restaurantes de carretera donde pueden degustarse los platos típicos
de esta provincia castellanomanchega.
El recorrido no tiene pérdida. Hay que seguir por la A-3 hasta el desvío
de Cuenca. Después la carretera nacional y el tramo de autopista ya finalizado
hasta las inmediaciones de la ciudad. Allí viene claramente indicado el
desvío hacia la Ciudad Encantada sin necesidad de entrar en Cuenca.
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