El cronista tiene vocación
peatonal y no usa mucho el coche para desplazarse por
Pozuelo. Así y todo, cuando no tiene más
remedio que hacerlo procura no pasar por las proximidades
de un colegio a las horas de entrada y salida dado
que los coches de los padres rezagados suelen estar
dejados al azar sobre aceras o pasos de cebra y el
atasco es inevitable.
De todas las maneras, el cronista piensa que circular
por Pozuelo no es difícil, al menos cuando la
grúa municipal no corta una calle para hacer caja
(día 28 de noviembre, 10 de la mañana,
calle san Lucas, por ejemplo), lo difícil es aparcar.
Y tanta o más dificultad que el aparcamiento conlleva
el ir de Pozuelo a Madrid en horas punta; esa es tarea
que diariamente hacen miles de sufridores quienes además
del atasco tienen que sufrir el acoso del nervioso que
se quiere colar por el arcén o va empujando a
golpes de claxon pensando que de esa forma ganará dos
o tres segundos.
De lo que el cronista puede hablar con más conocimiento
es de los problemas del peatón en la localidad.
Los llamados pasos de cebra son escasos y no siempre
bien situados, sobre todo en las glorietas. Los conductores
suelen respetar al viandante cuando éste tiene
aspecto de no estar muy ágil, pero si es joven
tendrá que demostrar sus condiciones atléticas
o confiar ciegamente en la capacidad de frenada del vehículo.
¿
Qué decir de los semáforos? Están
pensados para los que pueden correr, por ello el peatón
sosegado lo pasa mal. Ahora empiezan a instalarse en
ellos unos temporizadores que avisan del tiempo que queda
para que seas atropellado; los veinte o treinta segundos
concedidos son apropiados para los velocistas; si quien
quiere cruzar es lento lo mejor es que se encomiende
antes a Dios.
ddomene@miradordepozuelo.com
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