Desde hace unos meses el perfil
de Madrid, visto desde nuestro Pozuelo, ha cambiado.
A Torre Picasso le han salido cuatro competidores de
altura que, aún antes de terminarse, ya le han
quitado el título de “techo de Madrid”.
El centralismo de Franco llenó Madrid de burócratas
y de funcionarios. Poco sitio para la empresa, salvo
las sedes de compañías estatales. La
industria pesada se concentraba en el norte y la comercial
en Cataluña y Levante. El resto, campo y playa,
y poco más.
Alguien pensó que la España de las autonomías
acabaría definitivamente con Madrid, al vaciarlo
de poder real. No fue así. La centrifugación
de competencias, los nacionalismos regionales, la autonomía
política madrileña y el protagonismo de
las capitales en un mundo global, entre otras muchas
causas, la han convertido en lo que nunca había
sido: un centro mundial de los negocios. Hoy Madrid está patas
arriba, pero esta vez no por una decisión del
poder, sino por que se ha producido una convergencia
intelectual, política y emprendedora, de mujeres
y hombres decididos a ganar el futuro. A diferencia de
las “realidades nacionales”, aquí nadie
te pregunta de dónde vienes, ni cuál es
tu “pedigrí” –el pasado-. Sino
qué vienes a hacer aquí y cómo podemos
todos beneficiarnos de ello –el futuro-. “La
suma de todos”. Nunca se definió tan bien
el espíritu de Madrid en tan pocas palabras.
Cuatro nuevos rascacielos, que suman casi un kilómetro
de altura, simbolizan este nuevo estatus de Madrid. El
corazón de los negocios se mueve hacia arriba.
Habrá que pensar que nos afectará a todos.
Madrid será más potente, atraerá más
talento y más inversiones. Y más coches
y más vuelos. Y más incomodidades y más
atascos. Necesitaremos más infraestructuras. Más
M-40, más M-50 y M-60. Y más T4 y T5. Y
más Chamartín y más metro. Y más
hoteles, más restaurantes y más servicios.
Y conseguiremos más empleo y más riqueza
para todos. Alguien dijo que el futuro será de
las ciudades. Y, sin duda, Madrid será una de
ellas.
agomez@miradordepozuelo.com
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