
A nadie ha pasado desapercibido que Madrid tiene desde
hace unos meses un nuevo horizonte. Un nuevo "skyline" (la
palabra inglesa parece contener algo más de
glamour) que ha transformado el paisaje urbano del
que disfrutan los afortunados vecinos de Pozuelo
cuyas viviendas cuentan con vistas a la gran ciudad.
El nuevo elemento son las torres de oficinas que se construyen
sobre la antigua ciudad deportiva del Real Madrid, junto
al paseo de la Castellana y al complejo hospitalario
de La Paz.
Los cuatro rascacielos, todavía en fase de construcción
-en la fotografía se observan las torres instaladas
en las azoteas provisionales de los edificios- estarán
terminadas a lo largo del año que viene y, cuando
estén ocupadas, desplazarán el núcleo
de afluencia de negocios más hacia el norte. Hace
unos años, la zona de mayor afluencia se concentraba
ya en torno al eje de la Castellana, pero entre la plaza
de Colón y los Nuevos Ministerios. Los expertos
han detectado que en los últimos años el
tramo de mayor afluencia de personas ha variado y ahora
se concentra entre Nuevos Ministerios y la Plaza de Castilla.
Es más que previsible que con la apertura de los
nuevos colosos a los empleados de las diferentes empresas
que tendrán sus sedes allí, ese centro
de afluencia se moverá todavía más
hacia el norte de la Castellana.
Y eso no beneficiará en absoluto al tráfico
de entrada en la capital desde la zona Noroeste. Desde
hace ya varios años ha quedado demostrado que
uno de los cuellos de botella en los desplazamientos
hacia el norte de la ciudad son, para los miles de coches
que cada día escogen la M-40, los túneles
del Pardo. Y si el centro de negocios se desplaza más
al norte no cabe suponer más que un acusado incremento
de coches provenientes del oeste y suroeste de la periferia
madrileña tratando de circunvalar por la M-40
para acceder a ese núcleo financiero de la ciudad.
La presidenta regional, Esperanza Aguirre, que en mayo
deberá revalidar su mandato, ya ha dejado clara
su intención de cerrar la M-50 por el tramo noroeste.
La Administración Central considera que el daño
ecológico al Monte de El Pardo lo hace inviable,
pero Aguirre entiende que existen fórmulas para
minimizar ese impacto sobre una reserva ecológica
de tanto valor natural.
Si, finalmente, el Gobierno Regional se ve abocado
a renunciar a construir ese tramo, la M-40 y sus
saturados
túneles quedarán como única alternativa
a la M-30 para alcanzar el nuevo epicentro financiero
de la ciudad.
Y hay que tener en cuenta que los planes urbanísticos
de los municipios del Noroeste metropolitano que vertebra
la A-6 no son precisamente de contención. Como
ya informamos en Mirador, solo en Pozuelo está prevista
la edificación de más de 10.000 viviendas
en el interior de la autopista M-40 a la altura de la
urbanización La Cabaña. Si todo transcurre
según lo previsto, las primeras casas podrían
comenzar a construirse a finales del año que viene
o principios de 2008. A medio plazo, significarían
otros 10.000 coches más accediendo a Madrid cada
mañana. Y eso por no mencionar los planes expansivos
de Boadilla , Majadahonda, Las Rozas, Torrelodones, etc...
Así las cosas, los nuevos rascacielos anticipan
negros nubarrones en la complicada situación del
tráfico matinal de acceso a Madrid. La única
esperanza es que sea cierto lo que dicen los expertos
en circulación, que cuando la situación
de saturación se hace insostenible, la gente se
autorregula y adopta nuevas fórmulas de desplazamiento. ¿Habrá sitio
en el tren para todos?
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