Denunciaron a Mirador que se veían obligados
a dormir en la ambulan cia porque no tenían
ni donde cambiarse de ropa ni donde hacer sus necesidades
y les han despedido.
Dos trabajadores de la empresa Isolux, concesionaria
del servicio de ambulancias para transporte urgente
del Servcio de Urgencias Médicas de la Comunidad
de Madrid (Summa), contaron a nuestro periódico
que desde que este nuevo servicio comenzó a
funcionar, a principios del verano, se veían
obligados a pasar la noche en el propio vehículo
por la falta de una base donde descansar, comer algo
o hacer sus necesidades fisiológicas. El contrato
suscrito con la Comunidad de Madrid les obliga a tener
su base en Pozuelo, más concretamente en el
centro de salud de la Estación. Pero nadie previó que
los trabajadores necesitarían un lugar siquiera
para cambiarse de ropa o tumbarse mientras no tuviesen
urgencias que atender.

La noticia publicada en el número de noviembre
pasado de Mirador tuvo unos efectos casi inmediatos.
A los dos trabajadores primero se les cambió de
puesto de trabajo y después se les comunicó a
uno de ellos que estaba despedido y a otro que no se
le renovaría el contrato. Ya nadie protesta
por la precaria situación en la que se encuentran
los trabajadores del servicio de ambulancias.
Y, sin embargo, la situación sigue siendo la
misma, pero el frío de la noche es mucho mayor.
Cuando los operarios de la ambulancia no tienen un
aviso que atender, deben aparcar el vehículo
junto a la Urgencias del centro de salud de la calle
Emisora de Pozuelo y permanecer en su interior.
Antes, cuando en Urgencias estaban atendiendo a algún
paciente al menos les permitían estar en la
sala de espera donde disfrutaban de asientos y algo
más de calor. Pero tras hacerse pública
su denuncia, el Instituto Madrileño de la Salud
(Imsalud) ha dado instrucciones concretas para que
no se permita a los operarios de la ambulancia pasar
a las dependencias de la Urgencias, instaladas provisionalmente
en unos módulos prefabricados a causa de la
reforma que están haciendo en el propio centro
de salud.
En la ampliación de este área del centro
de salud tampoco está previsto habilitar siquiera
una habitación para los trabajadores de la ambulancia,
según confirmaron a los propios empleados de
Isolux despedidos los responsables de la obra.
El miedo a hablar con la prensa es la tónica
entre los trabajadores de la contrata. "El que
lo haga se puede dar por despedido", explica una
fuente próxima a quienes siguen prestando el
servicio.
Y los vecinos de Pozuelo y los municipios aledaños
siguen siendo atendidos por una ambulancia cuyo conductor
trabaja 24 horas seguidas y no tiene siquiera un sofá donde
poder tumbarse cuando tiene unos minutos u horas de
descanso, como tienen los trabajdores del Samur, los
bomberos y el resto de servicios de emergencias obligados
a turnos de 24 horas seguidas.
"¿
En qué condiciones conduce una ambulancia alguien
que lleva 24 horas sin dormir por muy profesional que
sea?", reflexiona en voz alta un conductor de
urgencias para Mirador, dando a entender así que
los perjudicados por esta situación no son solo
los trabajadores de este servicio de urgencias, sino
sus usuarios o potenciales pacientes de cara a situaciones
futuras de traslados urgentes.
"No teníamos ni media hora para comer"
Belén y Antonio todavía arrastran el
shock que les ha supuesto saberse despedidos de la
empresa Isolux solo por contar a Mirador que no tenían
siquiera una habitación donde pasar las horas
de descanso. Hasta los albañiles en obras remotas
tienen un pequeño módulo prefabricado
donde cambiarse de ropa. Ya en las listas del INEM,
cuentan que la necesidad de denunciar su situación
laboral a la prensa era un clamor entre los más
de 150 trabajadores del servicio de ambulancias madrileño.
Un encuentro fortuito propició que fuera nuestro
periódico el primero en sacar a la luz su precaria
situación laboral, pero el deseo de ponerlo
de manifiesto anidaba en una plantilla tan joven como
descontenta con las condiciones. "No teníamos
ni media hora para comer. Nos decían que no
se nos pagaba por comer. ¿Qué teníamos
que hacer?, ¿estar 24 horas sin alimentarnos
o hacer nuestras necesidades?", comenta Belén
a Mirador con la amargura de la situación vivida.
A Antonio le comunicaron que estaba despedido por carta
mientras estaba unos días de vacaciones. A Belén,
que no le renovarían el contrato durante una
baja provocada por el acoso de la empresa y de algunos
compañeros. |