Hay algunos lugares que por estar demasiado a mano
de Madrid se valoran menos de lo que se debería.
Y uno de esos casos es Segovia, ciudad castellana
a la sombra del acueducto romano mejor conservado
de todo el mundo.
El acueducto es, a buen seguro, el sello inconfundible
de Segovia, pero la ciudad tiene muchos otros atractivos
por descubrir que tampoco son un secreto para la mayoría.
Sus cuidadas calles peatonales, sus iglesias románicas
y, muy especialmente, su espectacular catedral, en
la cima de la loma que domina todo el valle y embellece
más si cabe el enclave sobre el que está edificada
la ciudad antes romana. Aunque, para no pocos, el edificio
más atractivo de la capital castellana no es
otro que su Alcázar, ubicado al borde de uno
de los acantilados en que acaba el casco antiguo.

Uno de los grandes atractivos de Segovia es que ha
sabido conservar el sabor de ciudad pequeña,
de provincias en el mejor de los sentidos. El viajero
agradece el suave hablar de sus calles y los olores
que emanan los restaurantes -una visita a Segovia sin
probar un asado no está completa-. Recomendammos
una visita tranquila. A poder ser, con noche en el
Parador Nacional, desde donde se contempla una preciosa
vista del conjunto de la ciudad.
Para ir, la A-6 y, después de los túneles
de Guadarrama, el desvío de la autopista a Segovia.
Seis euros de peaje y 45 minutos desde Pozuelo.
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