
José Luis tiene el único perro guía
de todo Pozuelo. Wilow y él pasean cada día
las calles del municipio desde hace cuatro años
y ambos son testigos privilegiados de los obstáculos
que la ciudad genera sin pensar en quienes tienen alguna
dificultad para moverse por ella. Es patrono de la Fundación
Retina España.
–
Cuéntenos cómo perdió la visión.
–
La mía es una enfermedad degenerativa de la retina.
Empecé a tener problemas de visión cuando
tenía ocho años y fui perdiéndola
poco a poco hasta que a los 50 la perdí casi del
todo.
–¿ Casi?
–
Digamos que usted para mí es una mancha gris en
medio de la oscuridad.
–
Y entonces llegó ella, su perro guía...
–
No tan aprisa. Tardaron dos años y medio en dármela
desde que la pedí. Eso hace ya cuatro años.
No se crea que perros guía los hay de sobra. La
ONCE entrega unos 120 al año. En España
sólo los tenemos alrededor de un millar de invidentes.
–
Hábleme de ella
–
Willow son mis ojos. El perro guía ve por mí,
aunque sea yo el que la guía, aunque parezca un
contrasentido.
–
Explíqueme eso.
–
Cuando vamos a cruzar por un semáforo, por ejemplo,
Wilow sabe dónde está el paso y me conduce
hasta él. Pero los perros no distinguen el color
del disco. No saben si está rojo o verde. Soy
yo quien decido cuándo se cruza al otro lado y
le doy la orden a ella.
–
Claro, con el sonido de pajaritos que tienen algunos...
Pero, ¿qué hace cuando los semáforos
no incorporan el sistema?
–
Escucho el tráfico y cuando no viene ningún
coche por ningún sitio cruzo.
–
Caray, había oído que los invidentes desarrollaban
mucho otros sentidos, pero escuchar el tráfico...
Sí que tiene el oído fino.
–
Se desarrolla más lo que a uno le interesa. En
mi caso, no he conseguido adaptarme al sistema de lectura
táctil para ciegos.
–
Abusando del privilegio, ¿A qué le suena
Pozuelo?
–
Hace 23 años, cuando me vine a vivir aquí sonaba
a la tranquilidad de un pueblo de 20.000 habitantes.
Ahora ha incrementado mucho su volumen de población
y eso se nota. Ahora Pozuelo suena a barrio residencial.
Llegamos en busca de tranquilidad y empiezo a sentirme
otra vez oprimido por el ruido de la ciudad.
–
Espero que no sea por los obstáculos. Ahora están
muy comprometidos los políticos con eso de la
arquitectura urbana sin barreras.
–
Me parece que Pozuelo, como todo núcleo de población
que crece rápido, se va dejando cosas molestas
aisladas.
–¿
Como cuáles?
–
La carretera de Húmera. Tiene un sinfín
de obstáculos. Cuando hicieron la última
remodelación pensaron más en los coches
que en las personas que debíamos andar por sus
aceras. Hay un tramo no muy largo que acumula hasta 16
obstáculos.
–
Con decírselo a los señores del Ayuntamiento...
–
Ya he hablado con la concejal que lo lleva. Me explica
que si el árbol no se puede tocar, que si el vecino
no quiere mover el poste de teléfono, etc...Y
mientras batallan por eliminarlos uno a uno yo sigo haciendo
slalon cada vez que voy a coger el tren.
–
Sí, las cosas de Palacio van despacio.
–
Pero no se puede pensar que todo está en manos
del Ayuntamiento.
– A saber...
–
Los setos que sobresalen de los chalés. Los dueños
los dejan crecer porque les parece que quedan bien aunque
invaden parte de la acera. Pero están muy altos
para que el perro guía los vea. Ya me he tragado
muchos (ver foto en la calle Ramón y Cajal).
–
Sí, pensamos poco en cómo nuestros actos
afectan a los demás.
–
O los conductores. Que no paran en los pasos de cebra
aunque te vean cogido a un perro. El conductor sólo
piensa en correr y no en las personas con dificultades.
–
Creo que tiene mucha razón.
–
El otro día uno estuvo a punto de atropellarme
y encima me tocó el claxon.
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