Siempre socorrido para un buen día con niños,
Faunia no es un parque zoológico al uso. No tiene
elefantes ni tigres. No hay rinocerontes ni hipopótamos.
La suya es una selección de animales salvajes
más sutil. Pero el entorno en donde se ofrecen
al público es mucho más esmerado, como
si el contienente fuese incluso más importante
que el contenido. 
Indudablemente, lo más interesante de Faunia es
el aviario, donde uno puede cruzarse grullas como si éstas
fuesen un visitante más y contemplar sin distancia
otras aves, y la jungla. En este último espacio
los responsables del parque han querido recrear una verdadera
selva, con sus pájaros, monos, peces, etc. La
reproducción de la lluvia tropical está más
que conseguida. También es distinto a lo que podemos
encontrar en otros lugares de Madrid el ecosistema de
los polos, donde los pingüinos se mueven a sus anchas
en una recreación de un ambiente ártico
sin que el visitante tenga que pasar una pizca de frío.

Todo está muy cuidado y pensado para los carritos
de niños. Como en otros parques, la hostelería
deja mucho que desear; llévese el bocadillo de
casa si no quiere esperar largas colas. Para llegar,
M-30 hasta la A-3 y siga las indicaciones en color naranja.
No tiene pérdida. Entradas: 22 euros los adultos.
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