Es periodista de RNE de la vieja escuela. Sus problemas
de audición no le han impedido ser una locutora
de pura raza, de las que hacen legión. Vive en
Pozuelo desde hace 23 años y en la plenitud de
su vida publica "Diario de una mujer madura",
donde vierte los pensamientos que tanto éxito
tuvieron a través de las ondas a finales de los
90.

–
Ha titulado su libro "Diario de una mujer madura" y
en él defiende la madurez frente al extendido
culto a la eterna juventud.
–
Es que yo pienso que la madurez es un punto a favor para
una persona. Algunos compañeros me aconsejaron
quitarlo del título, pero yo les expliqué que
sólo desde la madurez se puede comprender
bien el mundo.
–
Así, usted, al contrario que la mayoría,
preusme de su madurez.
–
Claro que sí. A la gente de mi edad, cuando cumple
años, parece que le están haciendo la puñeta. "No
me lo recuerdes..." dicen algunos. Como si tuviésemos
que pedir perdón por hacernos mayores.
–
Su "Diario..." está lleno de recuerdos
de hace 40 ó 50 años. Algunos de ellos
un tanto nostálgicos.
–
Yo lo definiría como momentos amables vistos con
una mirada agradecida. Pero de ellos destacaría
como gran aportación la perspectiva, pues nos
permite ver lo que ha cambiado España en los últimos
50 años. A este país no hay quién
lo reconozca. Quizá haya algo de nostalgia, como
usted dice, pero le aseguro que es un diario más
enfocado al futuro que al pasado.
–¿
Qué espera de ese futuro?
–
Me gustaría que fuese mucho más justo.
Probablemente porque la sociedad hiperinformada en que
vivimos nos hace más conscientes de lo injusto
que es el planeta en que habitamos. Y por eso, desde
la modesta contribución del Diario, trataba, antes
en la radio y ahora a través del libro, de inivitar
a la reflexión sobre el mundo en que vivimos y
el que deseamos para el mañana.
–
Reside en Pozuelo hace 23 años y aquí han
crecido sus hijas.
–
Ellas se sienten mucho más de aquí que
yo. Y no es extraño, pues su infancia ha transcurrido
aquí y su formación en el colegio Pinar
Prados, un centro público del que sólo
puedo hablar cosas positivas. Vaya desde mi libro mi
admiración para los docentes. Una consideración
que acrecentó mi paso por el consejo escolar
de ese centro.
–
La educación, un terreno resbaladizo.
–
En ese sentido, mi aportación se limita a pedir
a los padres que piensen que sus hijos no son los únicos
que están en el aula. Los padres pueden opinar
sobre cómo se deben hacer las cosas, claro que
sí, pero deben de respetar a los profesores y
las decisiones que toman sobre cómo se enseña
a los niños.
–
Háblenos un poco de sus sensaciones como vecina
de Pozuelo.
–
Me gustaría sentirme más de aquí.
Más como seguro lo sienten mis hijas. Si tuviera
que definirla en unos trazos diría que Pozuelo
es una ciudad-jardín. Muy cuidada. Pero también
es un lugar algo impersonal. Habría que fomentar
más la existencia de centros cívicos
de encuentro entre los vecinos.
–¿ Impersonal?
–
Como la necesidad de coger el coche para ir a cualquier
parte, que limita la comunicación. Últimamente
estoy redescubriendo el gusto por caminar, por estar
cerca de la gente.
–¿
Y de la radio de hoy?¿Qué puede decirnos?
–
En RNE hemos vivido un momento difícil con el
expediente de regulación de empleo que nos ha
prejubilado a miles de trabajadores. A mí no
me ha gustado tener que dejarlo.
–
Será una oyente compulsiva...
–
De toda la vida. Escucho cuatro o cinco emisoras distintas
para informarme. Y, como la mayoría, noto excesiva
crispación en uno y otro lado. Espero que se pase
pronto, porque esa visión partidaria de las cosas
les hace perder cualquier oportunidad de reflexionar.
Me irritan las posturas de hormigón armado.
El respeto es fundamental.
– Ha sido un gusto
escucharla.
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