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Nadie duda en Pozuelo sobre la calidad del Cercanías,
ni de lo rápido que llega a Príncipe
Pío ni de lo modernos que son los trenes. Y,
sin embargo, el sistema de aparcamientos disuasorios
no termina de funcionar, ni de lejos, según
lo previsto por Renfe hace más de 15 años.
El amplio aparcamiento de la estación pozuelera
de El Barrial, frente al Hipercor, con más de
500 plazas para turismos, sólo está ocupado
a diario en menos de un tercio de su capacidad. Y eso
que el precio por dejar el coche a buen recaudo durante
todo el día cuesta la ridícula cifra
de 15 euros al mes.

A pesar de ello, de que existen abonos de 10 y 5 días
y de que una única estancia vale tan sólo
un euro, las dos plantas inferiores del parking anexo
a la estación ferroviaria están casi
completamente vacías, según se puede
comprobar cada día desde el exterior. Tan sólo
la planta superior registra una elevada ocupación,
aunque pocas veces pueda decirse que está completa.
Probablemente porque casi nadie las utiliza, ambas
plantas, la intermedia y la inferior, presentan un
aspecto de casi total abandono, con objetos tirados
por los suelos y práctica ausencia de criterios
de limpieza. Estado que tampoco invita precisamente
a dejar el coche allí durante todo el día.
O tal vez no se cuida precisamente porque no se utiliza.
El caso es que a pesar de la política de precios
más que populares puesta en marcha por Renfe,
decenas de coches son estacionados a diario en el exterior
del edificio de la estación con la única
finalidad de ahorrarse los 50 céntimos que les
costaría a sus conductores dejarlo en el interior.
Y, algunas veces, incluso los dejan mal aparcados con
tal de no pagar el precio casi simbólico.
¿
Escasa por no decir nula publicidad?, ¿una señalización
deficiente? ¿Ningún esfuerzo por difundir
las comodidades de utlizar el cercanías? ¿Excesiva
pereza por parte de los pozueleros a la hora de dejar
el coche para tomar el tren? El motivo no está claro,
pero la desproporción entre el número
de plazas que se consideraron adecuadas hace más
de 15 años y su escasa utilización en
la actualidad deja claro que el modelo de aparcamientos
disusoarios que todavía se escucha a los políticos
no encaja en Pozuelo.
"
Yo lo encuentro muy práctico. Así te
evitas el estrés de ir al centro con el coche
y dejarlo en el aparcamiento por un euro me parece
un precio más que aceptable", explica una
usuaria ocasional a MIRADOR. "Por cierto, ¿dónde
se paga?", interroga la viajera al fotógrafo
después de haber buscado con interés
algún cartel donde se informe de este extremo.
La estación de El Barrial se distingue sobre
muchas otras por su escasa atención personal
a los viajeros. Son muchas las horas del día
en que únicamente las máquinas dan fé de
la existencia de alguna clase de control o atención
al público. Al final, impera el sentido común:
lo único que está abierto es una diminuta
cafetería y ellos deberían estar informados.
Es allí precisamente donde se paga el precio
del aparcamiento.
Y, de nuevo, el mismo debate: No hay un buen servicio
porque no se utiliza mucho. Pero no se usa mucho
porque no hay una atención esmerada al usuario.
"
Si tampoco hay vigilancia en el interior del aparcamiento, ¿qué justifica
el pago aunque sea de 50 céntimos diarios?",
se interroga y excusa al tiempo un conductor que prefiere
estacionar su automóvil en el exterior del aparcamiento.
Muchos años después de haber tirado la
toalla esperando a que los aparcamientos como el de
El Barrial se llenasen, responsables de Renfe vieron
otra vez un rayo de esperanza con la implantación
de la zona azul y la zona verde de estacionamiento
regulado en todo el interior de la M-30 madrileña.
Creían los gestores del transporte público
que la obligación de pagar por dejar el coche
en las calles de Madrid incitaría a los ciudadanos
de la periferia a usar más el tren.
Muchos meses después no ha habido más
remedio que redinrse a la evidencia: los estacionamiento
siguen siendo utilizados muy por debajo de su capacidad.
Aunque, quizá el problema de Pozuelo sea que
esté demasiado cerca de la capital, apunta un
responsable municipal, que se considera ajeno a las
políticas de promoción de transporte
público que deberían compartir las diferentes
administraciones.
Sea cual sea el motivo, la realidad es que Renfe
invirtió un
dinero de todos en construir un enorme aparcamiento
frente al Hipercor, del cuál las dos terceras
partes están vacías cada día.
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