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Año II-Junio 2007
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Aparcamientos nada disuasorios
Redacción


Nadie duda en Pozuelo sobre la calidad del Cercanías, ni de lo rápido que llega a Príncipe Pío ni de lo modernos que son los trenes. Y, sin embargo, el sistema de aparcamientos disuasorios no termina de funcionar, ni de lejos, según lo previsto por Renfe hace más de 15 años.


El amplio aparcamiento de la estación pozuelera de El Barrial, frente al Hipercor, con más de 500 plazas para turismos, sólo está ocupado a diario en menos de un tercio de su capacidad. Y eso que el precio por dejar el coche a buen recaudo durante todo el día cuesta la ridícula cifra de 15 euros al mes.


A pesar de ello, de que existen abonos de 10 y 5 días y de que una única estancia vale tan sólo un euro, las dos plantas inferiores del parking anexo a la estación ferroviaria están casi completamente vacías, según se puede comprobar cada día desde el exterior. Tan sólo la planta superior registra una elevada ocupación, aunque pocas veces pueda decirse que está completa.


Probablemente porque casi nadie las utiliza, ambas plantas, la intermedia y la inferior, presentan un aspecto de casi total abandono, con objetos tirados por los suelos y práctica ausencia de criterios de limpieza. Estado que tampoco invita precisamente a dejar el coche allí durante todo el día. O tal vez no se cuida precisamente porque no se utiliza.


El caso es que a pesar de la política de precios más que populares puesta en marcha por Renfe, decenas de coches son estacionados a diario en el exterior del edificio de la estación con la única finalidad de ahorrarse los 50 céntimos que les costaría a sus conductores dejarlo en el interior. Y, algunas veces, incluso los dejan mal aparcados con tal de no pagar el precio casi simbólico.


¿ Escasa por no decir nula publicidad?, ¿una señalización deficiente? ¿Ningún esfuerzo por difundir las comodidades de utlizar el cercanías? ¿Excesiva pereza por parte de los pozueleros a la hora de dejar el coche para tomar el tren? El motivo no está claro, pero la desproporción entre el número de plazas que se consideraron adecuadas hace más de 15 años y su escasa utilización en la actualidad deja claro que el modelo de aparcamientos disusoarios que todavía se escucha a los políticos no encaja en Pozuelo.


" Yo lo encuentro muy práctico. Así te evitas el estrés de ir al centro con el coche y dejarlo en el aparcamiento por un euro me parece un precio más que aceptable", explica una usuaria ocasional a MIRADOR. "Por cierto, ¿dónde se paga?", interroga la viajera al fotógrafo después de haber buscado con interés algún cartel donde se informe de este extremo.


La estación de El Barrial se distingue sobre muchas otras por su escasa atención personal a los viajeros. Son muchas las horas del día en que únicamente las máquinas dan fé de la existencia de alguna clase de control o atención al público. Al final, impera el sentido común: lo único que está abierto es una diminuta cafetería y ellos deberían estar informados. Es allí precisamente donde se paga el precio del aparcamiento.


Y, de nuevo, el mismo debate: No hay un buen servicio porque no se utiliza mucho. Pero no se usa mucho porque no hay una atención esmerada al usuario.
" Si tampoco hay vigilancia en el interior del aparcamiento, ¿qué justifica el pago aunque sea de 50 céntimos diarios?", se interroga y excusa al tiempo un conductor que prefiere estacionar su automóvil en el exterior del aparcamiento.


Muchos años después de haber tirado la toalla esperando a que los aparcamientos como el de El Barrial se llenasen, responsables de Renfe vieron otra vez un rayo de esperanza con la implantación de la zona azul y la zona verde de estacionamiento regulado en todo el interior de la M-30 madrileña. Creían los gestores del transporte público que la obligación de pagar por dejar el coche en las calles de Madrid incitaría a los ciudadanos de la periferia a usar más el tren.


Muchos meses después no ha habido más remedio que redinrse a la evidencia: los estacionamiento siguen siendo utilizados muy por debajo de su capacidad.
Aunque, quizá el problema de Pozuelo sea que esté demasiado cerca de la capital, apunta un responsable municipal, que se considera ajeno a las políticas de promoción de transporte público que deberían compartir las diferentes administraciones.


Sea cual sea el motivo, la realidad es que Renfe invirtió un dinero de todos en construir un enorme aparcamiento frente al Hipercor, del cuál las dos terceras partes están vacías cada día.

 
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