Manuel Remiro Sobreviela es, como a él le gusta
decir, un pintor de brocha gorda reconvertido en artista.
Conocido por todos como "El maño", por
su procedencia aragonesa, llegó a Pozuelo a mediados
de los años 50 para trabajar pintando casas. Esa
fue su profesión durante toda su vida, hasta que
hace seis años se jubiló.

-¿Y...?
-Mi hijo me regaló la inscripción a un
curso de pintura. De joven tuve algo de afición,
pero después nunca había sentido el impulso
de coger un pincel y ponerme delante de un lienzo.
-¿Le enseñaron mucho?
-Nada. Fui tres días y me cansé de lo que
me decían. Tenía la sensación de
que no aprendía nada.
-Corta trayectoria en el mundo de la pintura.
-Que va...Me vine a casa, me compré todo lo necesario
y me puse a pintar por mi cuenta. Cien por cien autodidacta.
De un día para otro, me pasé de la brocha
al pincel.
-Por lo que veo en su estudio, le ha cundido
mucho en estos seis años de jubilación.
-He pintado más de 200 cuadros. Mi mujer está harta
de tanto cuadro. Yo diría que me he gastado un
dineral solo en los marcos.
-¡Qué barbaridad! A eso lo llamo
yo productividad.
-Es que son muchas horas las que me paso en el estudio.
Me pongo la radio, cojo un puro y a pintar. Algunos días
te levantas y no te apaetece mucho y otros, sencillamente,
te pones pero no te sale nada bien. No obstante, la mayoría
de los días se me pasan aquí dentro disfrutando
con el pincel en la mano. Es lo que más me gusta
hacer y, según dicen, se me da bien.
-Parece más interesante que las partidas de dominó.
-No mes van nada los bares ni las partidas de cartas.
-Muchos paisajes veo por aquí.
-Sí, pinto postales, bodegones, lo que cae en
mis manos. Ahora estoy con un retrato del Papa Juan Pablo
II. Aunque he hecho dos o tres copias de cuadros famosos,
lo mío son otras cosas.
-Lo que será complicado es buscarles sitio a tantísismos
cuadros. Y algunos tienen un tamaño más
que razonable.
-Por ahora estoy muy contento de cómo me va. Tengo
una exposición permanente en la cervecería
Gambrinus de Pozuelo y ya llevo vendidos más de
40 cuadros. Por su puesto, también he regalado
muchos. A mis hijos, a algunos amigos, etc...
-Caray, no sabía que en Pozuelo había tanta
pasión por la compra de cuadros.
-No crea que hay tanta. Lo que sí le puedo decir
es quien compra un cuadro es porque le gusta, independientemente
del precio, aunque siempre dentro de un orden.
-Me suena a que no los vende usted baratos precisamente.
-El arte es arte y venderlo por dos duros es un insulto.
Además, yo no necesito el dinero.
-Pintar durante tanto tiempo con brocha le habrá ayudado
después a ponerse delante del caballete.
-Le diré aunque le sorprenda que yo casi no sé dibujar.
Pinto directamente con el pincel sobre el lienzo sin
boceto previo y sin que nadie me haya enseñado
nunca. Tal vez me hubieran venido bien algunas clases...Pero
a lo que nadie me tiene que enseñar es a mezclar
colores porque me he pasado la vida haciéndolo.
Cuando yo empecé con la brocha los hacíamos
desde lo más básico.
-Qué me dice de los temas.
-El único requisito es que me guste lo que estoy
pintando. No me importa que sean cuatro frutas o una
postal de un pueblo, pero me tiene que gustar.
-Alguno se le habrá resistido.
-Por ahora no. Algunos me han resultado más difíciles
que otros, pero no he dejado ninguno a medias.
-Imagino que sus hijos y amigos estarán
tan encantados como sorprendidos.
-Sí que lo están, sí. Son ellos
los que más me animan a seguir y elogian mis obras.
Pero, sobre todo, están muy contentos porque ven
cómo disfruto pintando y la satisfacción
que me produce cuando termino un cuadro.
-Quién sabe, a lo mejor le piden un retrato
del alcalde.
-Nadie es profeta en su tierra.
|