Hablar de Oropesa es hablar de su castillo-Parador. Aunque
de forma correcta habría que hablar de los
castillos, pues en el Parador se une el antiguo y
el nuevo. El primero data de los siglos XII y XIII,
y fue edificado por los árabes probablemente
sobre una construcción romana anterior.

En el año 1402 se construyó el nuevo castillo,
que pasó, con el condado creado en 1475, a los
duques de Frías. A éstos se lo compró el
Ayuntamiento, que lo usó como coso taurino. Posteriormente
fue adquirido por el Estado que lo transformó en
hotel.
Esta fortaleza fue escenario de las luchas mantenidas
por la sucesión al trono de Doña Juana
la Beltraneja y, posteriormente, del problema comunero.
Padeció varias guerras, entre ellas la de la Independencia.
Históricamente Oropesa ha estado vinculada a hechos
de suma importancia. Uno de ellos fue cuando sus propietarios
se pusieron a favor de Doña Juana la Beltraneja
en la lucha por obtener el trono y, por lo tanto, en
contra de su tía, Isabel la Católica, convirtiendo
esta empresa en una sangrienta guerra civil. Por estos
hechos Oropesa se ganó la enemistad de los monarcas
castellanos.

Pero todo eso forma parte de la historia, porque Oropesa
es hoy un pueblo tranquilo donde merece mucho la pena
acercarse para conocer tanto el majestuoso castillo como
sus calles. Sin olvidar que uno de sus puntos fuertes
es la gastronomía. Hacen un cochinillo estupendo
y es más que interesante probar el gazpacho, que
en nada se parece al andaluz.
Llegar es bien sencillo. Hay que tomar la N-V en dirección
a Badajoz y salirse hasta que se contempla la desviación
a Oropesa. Son 149 kilometros; una hora y cuarto aproximadamente.
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