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Cocinar lo de siempre pero de forma distinta.
Que esté tan
rico como lo ha estado siempre y al tiempo sepa una pizca diferente. Es el
objetivo de tantos y tantos chefs. Pero algunos, como Alberto Moreno,
jefe de cocina del restaurante Dos Hermanos, dan un paso
más y apuestan por aportar ese toque de distinción sin miedo
a resbalar. Y lo consigue.
Lo primero que sorprende cuando toma asiento en el luminoso
y cálido local del restaurante Dos Hermanos situado frente a la sede
de Telemadrid, en la ciudad de la Imagen, son los cuadros abstractos que
nos toca en suerte contemplar sobre las paredes de ladrillo desnudo. Nos
explican que son originales de verdad y que están a la venta. Preferimos
no ver la lista de precios no sea que acabemos por llevarnos uno a casa sin
el asentimiento de nuestras esposas.

A
nosotros nos va otro arte. Y no nos defrauda el que encierra el primero
de los aperitivos que se nos antoja, carta mediante: unos callos con gambas.
Ni saben a una cosa ni a otra, sino a las dos. Más vale no tratar
de imaginarlo porque el resultado es espectacular. Alberto no quiere que
pensemos que en su cocina solo hay combinaciones diferentes, que todo es
fusión. El jamón de bellota sabe igual de bien que siempre
y ayuda a pasar la fresquita cerveza del aperitivo.
Como el mar y el verano huelen ya demasiado lejos nos decantamos por
un pulpo expresamente recomendado. Huele a Atlántico y nos explica el camarero
que los cuecen en un olla de cobre para que no pierda su verdadero color. El
chef ha decidido acompañarlo con espuma de patata chip azul y jarabe
de pimentón, lo que le aporta ese toque diferente que potencia el
sabor a mar bravo.
Estamos ya en terreno de vides. Siguiendo la recomendación
del chef nos dejamos llevar a la Ribera del Duero con un Arzuaga crianza. Imposible
equivocarse.
Tierra adentro, nos decantamos por una Torta del Casar. Si todavía no
han probado una, ya están perdiendo el tiempo. Eso sí, es para
gente a la que gusta el queso con mucho sabor. Para eso es imprescindible que
la torta esté a su temperatura justa, que el queso esté lo sucifientemente
cremoso como para pegarse al pan y tenga la densidad justa para que se escape
de la torta con facilidad. La misma con que se degusta
A la hora del pescado optamos por el bacalao. Nos han dicho
que el de aquí es distinto y al menos sabe distinto. Lo hacen confitado
en aceite de oliva a 50 grados y lo acompañan con un jugo de purrusalda
y una cebolla confitada con piñones y miel. La mezcla del sabor a pez
y a dulce está más que conseguida.
A
los que nos gusta comer lo justo quizá optaríamos por un postre
ligero y se acabó, pero hemos tenido la oportunidad de ver la parrilla
del restaurante y no podemos dejar de probar un entrecot de buey. Nos gusta
poco hecho, sin que se vea la sangre, pero rojo, que sepa a animal de verdad.
En cuestión de carne hay pocos secretos: buena materia prima y parrilla
de primera.
Terminar de comer sin probar un dulce es como celebrar un cumpleaños
sin soplar las velas. Optamos por probar la moussse de tiramisú y el
secreto de mi madre, de la de Alberto Moreno, que viene a se un estupendo suflé de
chocolate. En ambos casos merece la pena dejar que el dulce pase unos instantes
en contacto con el paladar antes de dejarlo machar camino del estómago.
Cuando pasa la laringe el placer ya ha pasado. Alberto nos saluda amistoso
con la intranquilidad de la madre que ha pasado la mañana cocinando
para la familia. Una sola palabra lo resume todo: Volveremos. Que no sea domingo,
que cerramos, contesta sonriente.
Precio medio del cubierto, 40 euros
Si desea que visitemos su restaurante
escríbanos a gastronomía@miradordepozuelo.com
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