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Cuando la monotonía del otoño comienza a afectar
nuestro estado de ánimo con el lejano recuerdo de
unas vacaciones que tardarán todavía demasiado
en volver es hora de darse un homenaje culinario.
Escogemos el restaurante Filarmonía, ubicado en el interior del Hotel
Pozuelo, pero con acceso desde el exterior. Nada más entrar uno se da
cuenta de que todo está pensado con esmero para ofrecer un ambiente
cálido al tiempo que elegante. Tanto el mobiliario como la decoración
llaman la atención.

Enfrentados a la carta, cuesta decidirse, pero optamos por la terrina de
foie casero. Y no nos equivocamos. Se deshace lentamente dejando que todo
el paladar
se impregne del sabor. Lo acompañamos, por consejo del maitre, Raúl,
con un Carmelo Rodero que embarga los receptores encargados de saborear los
líquidos. Lo confesamos: Tenemos cierta debilidad por las buenas
bodegas de la Ribera del Duero.
A la hora de escoger los segundos tampoco lo tenemos sencillo, pero elegimos
rodaballo con escalibada y vinagreta de erizos y Presa iberica con patatas
y setas confitadas. El pescado tiene un aroma sobroso que se confirma en
el contacto con la papilas gustativas. La clave está a buen seguro
en esa vinagreta de erizos que prepara Félix Calderón, el jefe
de cocina de Filarmonía. La carne está también sensacional,
aunque el principal secreto es la calidad del animal.
Acostumbrados a endulzarnos en la recta final -la fruta ya la tomamos en casa-
pedimos dos postres espectaculares: croquetas de plátano con espuma
de menta y canelones de mouse de chocolate con guindilla. Difícil
de igualar. El precio por comensal incluido los vinos está alrededor
de los 45 euros, lo que supone una muy buena relación calidad/precio.
Una garantía para no equivocarse.
Si desea que visitemos su restaurante
escríbanos a gastronomía@miradordepozuelo.com
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