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Cuando uno se piensa que en cocina tradicional ya lo ha probado
todo y que difícilmente podrán sorprenderle, abren sus puertas restaurantes
como El Fogón de Pozuelo y lo consiguen. El chivatazo nos llega desde
Madrid y aunque solo lleva unos meses abierto en nuestro municipio lo ponemos
el primero de la lista.
La carta es extensa y obliga a tomar decisiones, algunas un tanto dolorosas.
Pedimos
unas cervecitas y como inicio por recomendación de la casa probamos
la lengua de ternera. Es una de las estrellas del local y les aseguramos que
no defrauda.
Como tampoco lo hace el Hesvera crianza del 2003, un Ribera del Duero suave.
Hay un sector de la población que considera que el Rioja es insustituible
en una buena comida. Pero la bodega española es demasiado extensa
como para limitarse tanto.
Para entrar ya en materia escogemos salmorejo y habitas con foie, queso brie
y salsa de mango. Juan León, el cocinero, es cordobés y pensamos
que el samorejo puede darnos pistas. El resultado se resume en una sola palabra:
espectacular. Es especialmente complicado mejorar platos tan familiares y
en el Fogón le dan un toque muy personal.
Las habitas son otra cosa. La mezcla de sabores consigue un verdadero pellizco
en el paladar que incita a interrogarse para adivinar cuál de los
elementos que incorpora es el que le da ese sabor tan dinstinto y atractivo
al mismo tiempo.
Podríamos probar muchos otros entrantes, pero antes de la carne queremos
saborear un arroz muy singular. Risotto con boletus, berberechos al natural
y huevos de codorniz fritos. Hierve los sentidos. Recomendamos dejarlo reposar
un poco en la lengua para atrapar todas las sensaciones gustativas. Podríamos
decirles que el secreto está en tal o cual elemento, pero seguramente
nos equivocaríamos, porque sin lugar a dudas lo más estimulante
es el conjunto.
Por aquello de completar el menú pedimos solomillitos de cerdo ibérico
con salsa de trufa y nata y carne de ciervo macerada con salsa a la pimienta.
Hay alguna gente que piensa que cuando se acompañan las carnes con demasiadas
salsas se oculta el verdadero sabor del animal. Les aseguramos que en esta
ocasión no es así. Las salsas enfatizan el sentido de las carnes.
A la hora de los postres, echamos un vistazo por las mesas próximas
para ver si hay algo que nos llame la atención. Nos disponemos a pedir
una tarta de requesón con castañas y nueces, pero la explicación
del camarero nos convence. Les recomendamos fervientemente la Panchineta. Permítannos
que en esta ocasión les soprendamos y les sorprendan en el Fogón
de Pozuelo.
Plenitud sensorial, podría resumirse después de una comida acertada
como ésta.
Si desea que visitemos su restaurante
escríbanos a gastronomía@miradordepozuelo.com
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