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No suelen venir hasta nuestras páginas restaurantes
italianos. No porque no sepamos apreciar esa gastronomía, sin porque
inexplicablemente no abundan en Pozuelo. Así que, puesto a buscar, solicitamos
consejo por el más italiano de todos.
Nos recibe Paolo, el jefe de sala y experto anfitrión del restaurante
Pummarola. Ni su nombre ni él son de pega. Nos acomoda y nos orienta
sobre las especialidades del establecimiento que lleva ya 7 años abierto
junto a la avenida de Europa a la altura del complejo empresarial Atica 7.

Insalata della Casa para empezar, con espinacas, queso de cabra,salmón
y champiñones. Deliciosa. Nos han pillado por sorpresa en nuestro
punto débil y es que nos encanta la combinación de la espinaca
con el queso de cabra. A ello le sumamos una Caponata, que traducido es
un pisto
de berenjena. Muy suave, sí señor.
El beber es cosa de Paolo, que nos trae un Vino Gualdiolo rosso riserva
de Campania, en el sur del país. Está suave, pero tiene un
sabor bastante intenso.
Llega la hora de lo segundos platos. Hemos escogido unos ravioli ai porcini,
rellenos con boletus, y unos tagliatelle mare e monti, recién
sacados del mar. Bromas parte, llevan tomate San Marzano, champiñones,
gambas y almejas. Los raviolis son absolutamente imprescindibles para
los amantes
de los boletus. La mezcla del sabor de la seta con el de la pasta fresca
es profundo. Merece la pena tomarse unos segundos después de cada
bocado para dejar que el sabor lo inunde todo. Después un pequeño
sorbo de agua y listos para el siguiente asalto de placer.

Los tagliatelle no quedan a la zaga. El sabor del frutti di mare es,
lógicamente,
muy diferente al de los productos de tierra adentro. Destaca su frescor y su
suavidad. Las cantidades están pensadas para no agotar al
comensal, pero son suficientes para saciarlo.
Reposamos la pasta mientras Paolo nos presenta a Fabio, un siciliano
que ha dejado el Mediterráneo para dirigir la cocina de Pummarola.
Nos cuenta que la pasta es fresca y artesanal. La hacen a diario
para unos pocos restaurantes
selectos de la ciudad. La inmensa mayoría del resto de los
productos que utilizan lo importan de Italia. Eso les permite tener
una carta muy amplia
y singular que en nada se parece a la de los muchos italianos "de
pega" que
proliferan a diestro y siniestro.
Aún nos queda el postre. Parece indudable que debemos decantarnos
por el tiramisú. El camarero nos guiña el ojo en señal
de que hemos acertado. Las copas muestran un aspecto muy cremoso. Se nota
la presencia
del queso Mascarpone que le da la autenticidad a este postre internacional
pero nacido en la tierra de Julio César. El tacto es igualmnte
muy suave, delicioso. Perfecto para los golosos y absolutamente
necesario para quienes
adoran el tiramisú bien hecho.
Plenos de satisfacción, concluimos con un capuccino. No podría
ser de otra forma. Es una lástima que uno no pueda comer
dos veces seguidas porque nos hemos quedado con ganas de probar
las pizzas.
Si desea que visitemos su restaurante
escríbanos a gastronomía@miradordepozuelo.com
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