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Quizá porque todo el mundo sabe cocinar la paella, sea
especialmente complicado sacar adelante una arrocería. Además,
especializarse en arroces implica renunciar a que los clientes acudan con mucha
asiduidad. Tal vez por eso haya pocas.
En Pozuelo la referencia en este terreno es, sin duda, Los Arroces de Segis.
El popular Segismundo decidió hace un par de años traer su fórmula
a Pozuelo y se instaló en la Vía de las Dos Castillas, cerca
de la rotonda más próxima al Pueblo.
La forma de trabajo facilita mucho las cosas a la hora de pedir, pues los
primeros son siempre los mismos y solo se puede escoger el tipo de paella
que se prefiere
para segundo.

Todos los comensales comienzan con una amplia variedad de entrantes compuestos
por ensaladilla rusa, ensalada murciana, fuet y queso con almendras, pimiento
frito y pan con aceite. Para quienes sean conocedores de la gastronomía
murciana hay poco que explicar. Quienes todavía no hayan probado la
ensalada murciana no saben lo que se están perdiendo. El pan con aceite
también es singularmente sabroso.
Pero, indudablemente, a lo que uno va a Segis es a probar un exquisito arroz.
Nos decantamos por el de Bogavante. Lo primero que sorprende es el tamñao
de la paella, pues parece para seis u ocho, aunque solo sea para nosotros dos.
Se adivina en un primer vistazo que el arroz está muy extendido pero
tiene poco fondo. Y Segis nos explica, orgulloso, que el secreto es, por un
lado, que el espesor sea de dos granos como máximo. Y, por otro, utilizar
mucho más caldo del que usa cualquiera en su casa. La combinación
de ambos factores hace que los granos de arroz se empapen de la esencia comprimiendo
un sabor que alcanza cada uno de los rincones del paladar en cuanto el tenedor
abandona la boca.
No hay que olvidar intentar disfrutar de una forma especial el primer bocado.
Dejar que la sensación de sabores recorra la cavidad. Que las neuronas
del gusto traten de identificar si encuentran en sus archivos de sabores algo
se se le aproxime. No es que los demás bocados no sepan igual de buenos,
pero el primero siempre nos lleva una sensación diferente.
El propio Segismundo nos explica, con cortesía, que tratar de reproducir
su estilo es imposible en casa, pues en la elaboración son claves, no
solo las medidas, sino el instrumental de las cocinas de sus restaurantes,
del que no está dotada ninguna cocina doméstica.
De postre, suele haber algo dulce. Nos ponen un flan para cuatro aunque
solo seamos dos, lo que nos endulza la despedida. Antes de irnos
le preguntamos a Segismundo por su paella favorita: la huertana, la de
pollo, el arroz
negro,
la de bogavante. Como si fueran hijos suyos, nos resulta imposible
que escoja de entre todas a cuál tiene más cariño que al resto. Cada
paladar es irrepetible, como los arroces de Segis.
Si desea que visitemos su restaurante
escríbanos a gastronomía@miradordepozuelo.com
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