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PSiempre es bien recibida la llegada de un nuevo restaurante.
Y si encima viene avalada por un nombre que ya conocemos, pues mejor que mejor.
Acaba de abrir sus puertas en los primeros números de la calle Luis
Béjar del barrio del Pueblo el restaurante "4 Elementos".
Hace años que se podían tomar algunos de sus platos en el bar
del mismo nombre que hay unos cientos de metros más abajo, casi a la
altura de la calle Tahona, pero el restaurante supone un salto cualitativo
importante.

Comenzamos dándonos el capricho de una bandeja de embutidos para poner
a tono el estómago. Y, para ayudar a digerirlo, los acompañamos
con una ensalada que lleva el nombre del local y que tiene, tomen papel y lápiz:
lechuga, langostinos, gambas, cangrejo, cebolla caramelizada, huevo duro y
salsa rosa. Hay más en la carta, pero, sin duda, esta es la que se asoma
como más apetitosa. Y cierto que lo es. Claro que la familia Mate
siempre hemos sido caprichosos del marisco y amantes de las ensaladas.
Por cierto, que también tienen en la carta mariscadas, aunque a eso
ya vendremos otro día.
Para beber, Cune Rioja. Conocido y un seguro para no errar el tiro. Después
del lomo, el jamón, con mucho sabor, y el queso optamos por un entrecot
al roquefort y una dorada a la espalda. Algunos amantes de la carne dicen ser
contrarios a ponerle salsas porque dicen que reduce su sabor auténtico.
Aunque quizá habría que hacerles venir al "4 Elementos y
que prueben cómo cocinan aquí la salsa roquefort. Qué le
vamos a hacer, también adoramos el buen queso y entendemos que eso,
lejos de restar gusto, nos devuelve la esencia del sabor, en este caso, perfectamente
combinada.
La dorada está en su punto. Abandona sola las espinas, lo que significa
que la carne tiene que estar muy sabrosa. Lo probamos con recato. Sabe, y mucho.
Es difícil explicar por qué una mayoría de los comensales
toman los primeros bocados de pescado con mucho cuidado, mientras que los de
carne se lo llevan a la boca con decisión. Será por si está caliente,
pensarán algunos, pero no es tan sencillo. Tiene mucho que ver el tacto
de la lengua.
Disgresiones aparte, hemos dejado un ligero hueco en nuestros intestinos
porque, con el rabillo del ojo, hemos visto en la carta que hacen
unas filloas de crema.
No son fáciles de ejecutar si lamano de la cocina no es suficientemente
diestra. Si lo es, el éxito está garantizado. Nos privan las
filloas y las del "4 Elementos" están más que ricas.
La cena ha sido abundante y por eso no está de más relajarse
con un buen licor. Por recomendación de la casa nos tomamos una crema
de orujo. El nombre suena duro, pero el producto es suave y un inmejorable
colofón para terminar.
Julio Mate
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escríbanos a gastronomía@miradordepozuelo.com
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