Conocí un alcalde, no sé si
experimentado o cínico, quien decía que
había dos clases de asuntos a los que no se
debía dedicar ningún tiempo: los que
no tienen solución y los que se solucionan solos.
No sé si en nuestro ayuntamiento se piensa lo
mismo y si el llamado plan ARPO, esa nueva ciudad que
dicen se va a construir desde la izquierda de la carretera
de Boadilla hasta la M-40, pertenece a una de esos dos
categorías de asuntos intocables. Su plan parcial
fue aprobado en marzo de 2004. Rápidamente se
constituyeron cooperativas de las que se hicieron socios
bastantes vecinos, sobre todo jóvenes (hay incluso
una de las Nuevas Generaciones del PP) con la esperanza
de poder vivir en la villa donde habían nacido,
es decir, cerca de sus padres.
Han pasado cuatro años y allí no se ha
puesto un ladrillo, incluso se nos dice que hasta el
2010 no aparecerá la primera grúa. Las
explicaciones que se nos han dado no son ni racionales
ni convincentes. Esa anómala paralización
se atribuye en las altas esferas municipales a la dificultad
de hacer un colector para las aguas fecales, y de lluvia,
de la nueva barriada. No nos lo creemos. Hasta la inefable
Maleni de bien contrastada ineficacia en asuntos similares
hubiera sido capaz de hacer el colector de marras en
este espacio de tiempo.
Preguntamos, oficiosamente, en los segundos niveles
municipales. La respuesta que recibimos es un ¡Uuuy!, una sacudida
de mano y la burlona sonrisa que suele dársele
a los ingenuos.
Cuando comentamos con otros vecinos los problemas de
convivencia (nuestros hijos se quieren casar y tener
casa) y fiscales (abrieron una cuenta vivienda cuyo plazo
ha concluido) nadie entiende nada; existe una elevada
dosis de “cabreo”. Se oye hablar de bastardos
intereses especulativos. Se estudian posibles manifestaciones.
Aunque por temperamento este cronista tiende a creer,
como los del Betis, que “tó er mundo es
güeno” no puede por menos que pensar que acaso
los malpensados tengan razón. Es muy difícil
de entender la parsimonia de nuestro ayuntamiento, conociendo
-como conocemos- a muchos de nuestros concejales nos
resistimos a creer que sean tan torpes como este asunto
del ARPO da a entender y mucho menos aún que no
sirvan a los intereses de la mayoría. Nos gustaría
que alguien nos convenciera, con razones creíbles,
de que quienes así piensan no tienen razón.
ddomene@miradordepozuelo.com
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