El milagro de Caná fue el
primero de la vida pública de Jesús.
Inicialmente intentó resistirse, pero ganó la
determinación de su Madre. María viendo
que a los novios se les estropeaba la boda pues se
les acababa el vino, nos dejó un mensaje muy
claro: “Haced lo que Él os diga”.
A mediados de los noventa la Iglesia en Pozuelo languidecía,
se acababa el vino. Las parroquias no conseguían
ni atraer a nuevos fieles, ni retener a los de toda la
vida. El mensaje no era atractivo. Consistía en
lamentos por el templo vacío, ante los pocos fieles
que iban quedando.
Pero algo ocurrió. En 1995, el Ayuntamiento cedió una
parcela, para una nueva parroquia, en la avenida de Europa.
Un cura joven, don Jesús, instaló una capilla
provisional en una caseta de obras, “El Barracón”.
Venía con fuerza e ilusión, con un proyecto
muy ambicioso, con el mismo mensaje de siempre, pero
con un lenguaje moderno y atractivo. Pronto “El
Barracón” se quedó pequeño
y se instaló megafonía para los fieles
que desbordaban las misas. No hubo campaña de
marketing. De boca en boca se corría la voz y
quienes ya no iban a misa, volvieron y quienes aguantaban
en otras parroquias comenzaron a acudir a Caná.
Don Jesús enganchó a todos con su mensaje,
su actividad y su proyecto. Luego vino el dinero. Más
de 1.800 familias, inédito en las parroquias de
Madrid, suscribieron aportaciones mensuales para hacer
realidad el sueño de don Jesús, que ya
era el de todos. Hoy, el templo de Caná habla
de la vigorosa vida cristiana de la Iglesia en Pozuelo.
Pero este nuevo milagro de Caná no es el milagro
de su párroco. Es el milagro de Jesús de
Nazaret que, con su mensaje siempre atractivo y siempre
actual, ha vuelto a convertir el agua en vino. Ha sido
el milagro de una buena comunicación al servicio
de un mensaje excepcional, divino. “Haced lo que Él
os diga”.
agomez@miradordepozuelo.com
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