En mi Pueblo natal solía
decirse de alguien que empezaba con mucho empuje pero
que era poco o nada persistente que tenía arrancada
de caballo percherón y parada de burro manchego.
A veces pienso que a nuestro ayuntamiento le ocurre
otro tanto, que empieza con mucho énfasis y
alharacas una tarea y que se le acaban pronto los buenos
propósitos. Un ejemplo: al lado de mi casa había
unos contenedores para recogida selectiva de basura
(orgánica, papel, vidrio, metal y plásticos
reciclables); el verano pasado se quemaron (a su vez
quemaron parte del seto que por lo visto tenemos que
pagar nosotros, los perjudicados); un año después
no han sido repuestos. Resultado: como estoy transitoriamente
cojo y no tengo ganas de recorrer medio pueblo con
la bolsa de papel o los envases de vidrio, salvo lo
del contenedor amarillo todo lo demás va revuelto
al contenedor gris. Mis vecinos del nuevo Pozuelo hacen
otro tanto. Así, que de recogida selectiva de
basuras, nada de nada.
Pero no quería hablar de eso. He visto en la revista Vive Pozuelo que
al ayuntamiento anda ahora enredado con una campaña para que usemos menos
el automóvil privado. Loable propósito. Lo malo es que también
he visto que las concejalías están dispersándose por los
cuatro puntos cardinales; ir de una a otra es lo mismo que ir de la ceca a la
meca, es decir: el Ayuntamiento nos obliga a usar más el automóvil
privado.
Hombre, de acuerdo en que Pozuelo ya es más grande que muchas capitales
de provincia, tan grande que incluso se quiere aplicar aquí la Ley de
Grandes Ciudades (¿cuánto nos costará?), que en el edificio
de la actual casa consistorial no caben todos los servicios (podría decir
alguna maldad sobre los despachos del batallón de asesores, pero hoy tengo
un buen día) y que hay que instalarlos donde se pueda, algunos en edificios
alquilados. También de acuerdo.
Pero si mi memoria no me falla creo que hace un tiempo
se dijo que el Ayuntamiento
había comprado el edificio de El Torreón. Además de cines,
tiendas, bares y restaurantes allí había oficinas. La pregunta
tonta es: ¿por qué no se convierte El Torreón en una especie
de casa consistorial B y se instalan allí todas las oficinas y concejalías
que andan dispersas aquende y allende, y más ahora cuando van a empezar
las obras de la plaza del padre Vallet y el centro del pueblo va a quedar patas
arriba? Nos ahorraríamos una pasta, un buen tiempo en transportes y sobre
todo ganaríamos en comodidad.
Sobre el por qué no se hace esto último también se me ocurren
otro montón de maldades, pero como dije antes hoy tengo un buen día.
Así, pues, prefiero callarme, por ahora.
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