Me habían contado que en la
pantalla que hay en las oficinas de atención
al ciudadano se podía ver. Fui a una de ellas,
me tragué un montón de información
y no vi nada. Supuse que sería una inocentada
fuera del tiempo propio para ello porque lo de que
haya burros cibernéticos tiene todo el aspecto
de ser una broma. Como insistían recurrí al
socorrido Google. Tecleé burros+GPS. ¡Y
apareció! “Los animales pasearán
por el campo con GPS. Su labor es evitar que se produzcan
incendios”.
¡Toma ya, burros bomberos!.
Volviendo a pinchar apareció la noticia completa: “Burros
con GPS en Pozuelo de Alarcón”. Leyendo
la totalidad de la información la cosa ya no
queda tan clara y lo más que se dice es que “los
burros con GPS servirán para prevenir y controlar
cualquier tipo de urgencia forestal que pudiera surgir”.
Esto de la urgencia forestal nos ha sido traducido
como que en caso de incendio el burro echará a
correr lo que se verá en la pantalla de la central
de avisos y se procederá a tomar las medidas
oportunas.
Vaya por delante mi simpatía sin límites hacia los asnos, esos
animales más inteligentes y sobre todo más austeros que el 99,9
por ciento de nuestros barandas. Mi amor hacia el burro viene de lejos y en algún
lugar debo tener la página que el conde de Bufón, gran naturalista
francés del siglo XVIII, dedicó a este fiel servidor del hombre.
Todo cuanto se haga en beneficio de los burros y evite su extinción merecerá mi
apoyo y aplauso.
Pero como amo a los burros e incluso puedo decir que
sé cuales son sus
capacidades mucho me temo que a los burros de aquí no se les entienda
y que por ello se les menosprecie. Los burros tienen la asnal costumbre de revolcarse
en suelos blandos o arenosos para librarse de parásitos en la cabeza y
el cuello; casi seguro que en uno de esos revolcones el GPS se va a fastidiar.
Que no se les acuse por ello de poco cuidadosos.
Hay más. En el campo abundan unos insectos insidiosos que bien llamados
se conocen como tábanos aunque el común de la gente los llama “la
mosca”, así, sin más. Pues bien “la mosca” se
dedica a picar con fruición a cuanto mamífero se encuentra. Deben
ser picotazos muy dolorosos porque los animales picados echan a correr enloquecidos
y no hay quien los pare. ¿Cuándo a nuestros burros cibernéticos
les pique la mosca y salgan corriendo sin tino ni destino creerán en el
puesto de control que se ha producido un incendio?
En resumen: bien venidos sean los burros, pero que
se les dedique a tareas propiamente asnales. No les
pidamos que sirvan para algo que por naturaleza no
pueden hacer
y, consiguientemente que no nos cuenten películas. Para eso ya está,
y lo hace mejor, la factoría Walt Disney. Me descubro de admiración
ante quien convenció a nuestros ediles de la necesidad de tener burros
cibernéticos. ¡Vaya buen vendedor que debe ser!
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