
El desierto próximo a Tindouf (Argelia), donde
los refugiados del Frente Polisario llevan más
de 30 años esperando una oportunidad para volver
a un Sáhara Occidental independiente, no se
parece en nada al de las románticas películas
de los touaregs.
Á
rido, estéril, ajeno al beneficio del agua que
cae del cielo –soportan años esperando
siquiera un chaparrón–, decenas de miles
de personas esperan estoicamente que las negociaciones
con Marruecos auspiciadas por la ONU lleguen algún
día a buen puerto.
Pozuelo tiene una larga historia de relación
con los refuagiados saharauis. En 1993 un pequeño
grupo de vecinos y cientos de escolares donaron un
camión cargado con cuadernos y lápices
para aquellos exiliados en mitad de la nada. Desde
entonces la relación no se ha detenido. Cada
verano varias decenas de niños vienen a pasar
algunas semanas o meses con residentes de Pozuelo.
Por el camino ha surgido la Asociación de Amigos
del pueblo Saharaui Birlehlu, que organiza algunos
actos benéficos como la carrera popular que
tendrá lugar el próximo día 1
de marzo en un recorrido aún por determinar.
Pedro y Celia son una de esas generosas parejas de
Pozuelo que han decidido dedicar un poco de su tiempo
para uno de esos niños. Ramdan tiene 8 años.
Nació en los campamentos de arena. En un pueblo
de tiendas de campaña que se llama Tifariti. Estuvo
con ellos el verano pasado y Celia y Pedro quieren
que vuelva el próximo. Este mundo de aquí no
se parece nada al de allí.
"
Es imposible imaginarlo hasta que no vas. Miles de
personas en tiendas de campaña sin luz ni agua
corriente ni muchas otras cosas que para nosotros son
elementales. No tienen casi nada, pero lo dan todo",
cuenta Celia a MIRADOR a la vuelta de un viaje para
conocer el lugar donde Ramdan vive desde que nació con
sus padres y sus hermanos.
Él volverá a Pozuelo en julio. Y sus acogedores
le darán todo lo que entiendan que a él
le gusta. No cabe duda de que será un verano
de sueños para el pequeño saharui. El
futuro lejano es infinitamente más incierto
para él.
Celia y Pedro dieron el paso con la intención
de echar una mano. Ahora saben que han recibido y recibirán
mucho más.
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